Primer puesto | Categoría infantil
En un pueblo alejado de la gran ciudad, donde el acceso por carretera se hace complicado y el ingreso de un avión aún parece un sueño, vivía una familia muy alegre y de bonitas costumbres; estaba conformada por Teresa, la madre; Sofía, la hija mayor de diez años; Miguel, el hijo del medio de ocho años; Luisito de tres años, y los abuelos Efraín y Mery. Cada día se ponían una cita, al ocultarse el sol, de reunirse al frente del fogón de leña, mientras esperaban la comida, a rezar y hablar de sus aventuras del día; el que más insistía para hablar era Miguel, quien siempre pedía la palabra y en medio de risas contaba alguna anécdota graciosa de la escuela o de camino hacia ella.
De tanto caminar para la escuela y pasar caminos y quebradas, los zapatos de Miguel comenzaron a deteriorarse, ya estaban un poco despegados por la parte de adelante y de vez en cuando se asomaba el dedo gordo del pie como queriéndolo saludar. Intentó pegarlo de muchas maneras: con colbón, con cinta; los amarró con cabuya, hasta con mancha de plátano, pero siempre se volvían a despegar. Un día aprovechó que su hermana Sofía no tenía que ir a estudiar y se llevó sus zapatos, eran tan cómodos y bonitos. «Parece que estoy estrenando», pensó. En medio del descanso se puso a jugar su deporte favorito, fútbol, y le dio una patada tan fuerte a la pelota que entró a la arquería con zapato y todo, sus compañeros comenzaron a reír a carcajadas y él salió saltando en un solo pie hasta encontrarlo. La sorpresa fue mayor cuando vio que el zapato se había dañado, no sabía qué hacer ni qué le iba a decir a su hermana. Levantó la cabeza y enfrente encontró un afiche que tenía la imagen de un niño corriendo y una invitación a participar de una carrera de atletismo, el ganador se llevaría un dron, el sueño de todo niño, y para el segundo puesto unos zapatos nuevos. Miguel salió corriendo a inscribirse pensando en ganar los zapatos, así podría dárselos a su hermana.
Se fue para su casa y esa noche, cuando se reunieron frente al fogón, estuvo muy callado y pensativo. Al otro día se adelantó para la escuela, sin que nadie viera el estado de los zapatos de Sofía, se alistó para correr y cuando escuchó el silbato arrancó a toda prisa pensando que iba a quedar de último, corrió
tanto, sin mirar a su alrededor, que antes de darse cuenta había ganado la carrera. Todos celebraban a su alrededor y lo abrazaban, él no sabía lo que estaba sucediendo hasta que vio que leestaban entregando el dron. Comenzó a llorar de la tristeza, no podría entregarle los zapatos nuevos a su hermana. Detrás de él estaba Sofía sonriendo y mirándolo fijamente, sin que se diera cuenta, ella se había inscrito a la carrera y había quedado en segundo lugar.
José Miguel Moreno Trujillo, 12 años
Urrao, Suroeste
Ilustración: Alejandra Pérez


