Cuando el pueblo soñó con alas

Mención «Canto a la tierra»

Salió de su casa con un majestuoso vestido turquesa, botas negras y un enigmático antifaz del mismo tono, ocultando su indescifrable mirada en tonos ámbar. Llegó a la fiesta de disfraces. Allí, un público expectante observaba con detalle los matices, acabados y patrones de cada coraza. Oculta tras la bruma, finalmente se dejó ver: imponente, egregia, anómala. Extendió sus alas… flashes, voces, emoción. Fue fotografiada, admirada, reconocida. Era ella, ya registrada en la tierra del siempre volver. Partió de la fiesta igual que como había llegado, con el misterio aún posado en los hombros y el fulgor de mil miradas siguiéndola. Alzó su antifaz como quien revela un secreto, y por un instante pareció que el cielo turquesa de Támesis se derramaba sobre la espesa niebla blanca. Era el ave renacida en la penumbra, la joya alada de los cafetales, un destello raro, esquivo, sagrado: la Dacnis hartlaubi. Se deslizó hacia la noche, dejando que el murmullo quedara atrás. Su silueta, teñida de turquesa y sombra, parecía encender el aire con cada paso. Por un instante, todos contuvieron el aliento: habían visto algo poco común, una joya viva que solo se deja contemplar una vez antes de perderse entre los cafetales y el sereno.

Sofía Moncada Paniagua, 16 años
Támesis, Suroeste

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